Los filósofos y la ciudad

Marco Negrón / (macking@cantv.net)

                “Bien pudieran etiquetarse las ciudades, todas las ciudades, de ideales. Ideales ya que siempre  detrás de toda ciudad de importancia hay o ha habido una idea, para bien o para mal”: esa es la tesis central del ensayo “¿Por qué existen ciudades?”, escrito por Juan Nuño en 1995, el mismo año en que falleció pero impreso póstumamente en el recién aparecido Ciudad, espacio público y cultura urbana, libro compilado por Tulio Hernández (FCU, Caracas 2010). Coincidencialmente, bajo el título “La ciudad”, los dos últimos sábados el Papel Literario de El Nacional ha dado cabida a un denso ensayo sobre el mismo tema de otro destacado filósofo venezolano, Antonio Pasquali, quien reflexiona en torno a una pregunta fundamental: ¿Disponemos hoy de sistemas categoriales de remplazo para una mirada nueva al fenómeno urbano? De haber pasado  realmente Utopía, o Utopía/Ciudad, a los archivos muertos ¿no sería el caso de entonar un ‘ha muerto el rey, viva el rey’ y hurgar con adecuado aggiornamento en los nuevos saberes hasta dar con más recientes conceptos, valores y enfoques que hagan avanzar nuestra comprensión de uno de los mayores problemas sociales de nuestra época, causalmente vinculado al de la irresuelta e inquietante explosión demográfica? Con sus nuevas ciencias, sutilezas interdisciplinarias y refinados métodos interpretativos, ¿tiene la cultura actual con qué renovar la milenaria y hoy asfíctica reflexión sobre pólis, aportando nuevos y reveladores criterios y hermenéuticas?”.

                Escritas con quince años de diferencia, ha querido el caso que estas dos aproximaciones filosóficas al tema de la ciudad salieran simultáneamente a la luz pública para estimular una reflexión innovadora en torno a una cuestión de la que depende en un grado decisivo nuestro destino como sociedad civilizada: nuestras ciudades crecen hoy sin ideas y sin nuevos criterios. El reducido espacio disponible impide una reflexión siquiera somera en torno a tan importantes textos, aunque no podemos dejar de llamar críticamente la atención respecto a la apreciación de Pasquali de la ciudad como problema. Nos conformamos con invitar a los lectores, particularmente a los urbanistas profesionales y a quienes dirigen o aspiran dirigir el destino de nuestras urbes, a visitarlos y reflexionar sin pragmatismos ni prejuicios. Hay demasiado en juego.

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