Maracaibo

Marco Negrón /  (macking@cantv.net)

Al menos desde finales del siglo XIX, cuando la república comienza a producir estadísticas razonablemente confiables, Maracaibo ha mantenido sistemáticamente la segunda posición por tamaño poblacional después de Caracas. Hoy comienza a disputársela Valencia, pero de ningún modo esto significa pérdida de importancia para la capital zuliana: a diferencia de aquella, que al fin y al cabo gira en la galaxia caraqueña, Maracaibo se erige en solitario como la metrópoli de una extensa región que abarca el nor-occidente venezolano y el nor-oriente colombiano.

Se destaca este último aspecto pues, mientras a San Cristóbal se le reconoce fácilmente su carácter de metrópoli transnacional, no ha ocurrido lo mismo con Maracaibo, probablemente por el menor dinamismo de esa frontera y la ausencia de aglomeraciones urbanas de importancia similar del lado colombiano; pero en una perspectiva de largo plazo y de cooperación internacional esa circunstancia pudiera más bien proyectarse como una ventaja.

Sin embargo, frente a esas oportunidades no hay duda de que en la actualidad la ciudad enfrenta algunos retos muy fuertes, de los cuales, por razones de espacio, apenas se hará una parcial y rápida mención.

Destaca en primer lugar la impresionante expansión de la ciudad hacia el oeste a partir de la proliferación de barrios informales de densidad tan baja que es simplemente imposible dotarlos de las redes esenciales de servicios que permitan considerarlos ciudad en sentido riguroso: su compactación en el mediano plazo es una necesidad ineludible que sólo políticas urbanas muy creativas y firmes, pero basadas a la vez en amplios procesos de consulta y participación pueden llevar al éxito.

Bahía de Maracaibo, vista del casco central de la ciudad

El elemento más característico de la ciudad es -habla Perogrullo- el lago, pero insólitamente ella ha terminado dándole la espalda. Recuperarlo resulta una tarea de alta prioridad para rescatar el alma de la ciudad y la autoestima de sus habitantes, pero hay que entender que la recuperación debe ocurrir en todos los órdenes y no sólo en el visual, en el de paisaje marabino característico. Debe ser posible apropiarse de su orilla, generando un paseo lleno de actividades ‑cafés y restaurantes, pero también bibliotecas, cines, galerías de arte y museos, salas de espectáculos y locales comerciales- que atraigan a todos los estratos de la población, pero además internarse en él, posibilitando a propios y extraños disfrutar de la experiencia extraordinario de navegar en sus aguas.

Una reciente estadía en esa contradictoria capital nos ha permitido conocer profesionales, académicos y líderes de la sociedad civil no sólo preocupados por su ciudad, sino además dotados de los conocimientos y la energía para abordar esos grandes retos, y al lado de ellos ciudadanos valerosos y orgullosos de su gentilicio: innecesario decir que esos son los recursos más importantes para encarar con éxito los desafíos.

3 Respuestas a “Maracaibo

  1. Gracias por enviarme estos articulos, me gusta leerlos y darme cuenta como a veces olvidamos los inicios de nuestra ciudad debido al constante agetreo al cual nos mantenemos expuestos, espero continuen enviadome sus articulos, saludos…

    • Pues agradezco el analisis hecho por el maestro Negrón, nuestra ciudad lo necesita. Asi como tambien necesitamos re-aproximarnos al lago, con nuevas maneras de relación, más sanas, sustentables, menos “oportunistas” y más que reconciliadoras, justas y más reales, para esta y las venideras generaciones. Gracias.

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