¿EXISTEN LOS MILAGROS URBANOS?

En Latinoamérica y particularmente en Venezuela existe una noción bastante extendida y aceptada en torno a Bogotá, Medellín y Curitiba a las cuales se les suele reconocer sencillamente como “milagros urbanos”. Según La Real Academia Española un milagro es “hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”; hablamos de algo que esta más allá de las fuerzas, capacidades y entendimiento de todo hombre. Ahora bien, y a pesar de la espectacular transformación que han tenido estas ciudades, mal podemos catalogar su gran mejoría, como un hecho que poco tiene que ver con el quehacer humano. Especialmente si se reconoce que la ciudad es quizás el sub-producto más significativo de nuestra civilización en estos tiempos.

¿Pero qué pasó realmente en estas ciudades que hoy son modelos urbanos a seguir? Simplemente los hombres y las sociedades que habitan en estos espacios se pusieron de acuerdo y crearon un modelo, un proyecto compartido de ciudad ajustado a la manera de vivir que estimaron como óptima, equitativa, incluyente y sostenible.

Pero para que el cambio obre es menester que exista experticia y creatividad, las cuales bien utilizadas deben proveer diagnósticos y políticas públicas bien estructuradas y de aplicación priorizada. Claro esta, hace falta MUCHA SENSIBILIDAD POLÍTICA Y SOCIAL para generar un acuerdo ciudadano sobre el cual se arme ese proyecto o mejor dicho ESA INDISPENSABLE VISIÓN DE CIUDAD y a partir de allí iniciar una carrera frenética, impecable e implacable para lograr su concreción hora a hora, día tras día, mes tras mes, año tras año y lo más importante: GOBIERNO TRAS GOBIERNO.

Sólo de esta manera, y desde nuestro humilde punto de vista, pensamos que se puede alcanzar una ciudad con más de 50 metros cuadrados de espacio público por habitante, caso Curitiba, cuando la norma internacional habla de 10 metros; bajar la tasa de homicidio a menos de 25 personas por mes, caso Medellín, cuando antes superaba los 600 homicidios; servir a una ciudad de 8 millones de habitantes, con un moderno y rápido sistema de transporte público o de parques bibliotecas, caso de Bogotá. Es importante decir que no estamos queriendo decir que estas ciudades lo han logrado todo o que ya no tienen problemas, no es esta una apuesta nuestra a lo Francis Fukuyama y su Fin de la Historia, pero lo que si hay que resaltar es que estas urbes, por lo menos, han visualizado un camino y están tratando de seguirlo.

Comprender esto nos pone de cara a un enorme desafío: si la ciudad es una construcción humana, entonces es el hombre, en sociedad claro esta, su agente de cambio más poderoso. No dudemos pues que la solución a los problemas de nuestras ciudades esta en nuestras manos, en nuestro tiempo y que es nuestro deber actuar.

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